lunes, 6 de octubre de 2008
El camino de la niebla.
De regreso de la visita a la laguna El Salado de Chitagá y luego de superar las dificultades que entro aparte de este blog fueron mencionadas, el miércoles 1° de octubre rondaba las seis de la tarde.
A esa altura de la aventura y para fortuna de los desprevenidos exploradores, nos acercábamos a la Legía. Es el punto de convergencia de las carreteras que van de Pamplona a Toledo y la llamada central que nos llevó a Chitagá.
Se caracteriza la Legía por contar con una planicie que según historias en otros tiempos fue una laguna. Y que en alguna ocasión, más reciente en nuestra historia, sirvió de pista de aterrizaje para una aeronave que extravió su rombo y debió descender de emergencia en el lugar.
Y hay quienes aseguran que esa planicie es la parte visible de un templo donde se convocan energías y presencias de otras latitudes.
Lo cierto es que el lugar sirve como comienzo para un espectáculo que es característico de los meses de marzo y noviembre, y ocasionalmente de enero: la neblina.
Ese comienzo de noche de miércoles fue una excepción que por lo menos mitigaba las penurias de una jornada que se acercaba a su final.
La frontera entre el día y la noche, marcada por el volar agitado de los siotes y el canto alargado y premonitorio del copetón, sirvieron de escenario para que entrara como bailarina envuelta en gasas blancas y translúcidas la neblina. Pasando, casi que imperceptiblemente entre los follajes de los alisos, los eucaliptos y los pinos, aforrándolos por instantes para dejarlos huérfanos de su encanto después, ascendiendo por las lomas escasas de pastizales, extendiéndose como pintura desleídas por los potreros donde el ganado como piedras se confundía con la oscuridad creciente.
La neblina… la que alguna vez fue voz y música, la que desde su presencia transparente y cantarina entró a los hogares de Pamplona, también llegaba en esa tarde.
El cierre de la visita guiada a la laguna fue mágico y parte de la sensación experimentada queda en estas palabras y en algunas imágenes que adjunto.
A esa altura de la aventura y para fortuna de los desprevenidos exploradores, nos acercábamos a la Legía. Es el punto de convergencia de las carreteras que van de Pamplona a Toledo y la llamada central que nos llevó a Chitagá.
Se caracteriza la Legía por contar con una planicie que según historias en otros tiempos fue una laguna. Y que en alguna ocasión, más reciente en nuestra historia, sirvió de pista de aterrizaje para una aeronave que extravió su rombo y debió descender de emergencia en el lugar.
Y hay quienes aseguran que esa planicie es la parte visible de un templo donde se convocan energías y presencias de otras latitudes.
Lo cierto es que el lugar sirve como comienzo para un espectáculo que es característico de los meses de marzo y noviembre, y ocasionalmente de enero: la neblina.
Ese comienzo de noche de miércoles fue una excepción que por lo menos mitigaba las penurias de una jornada que se acercaba a su final.
La frontera entre el día y la noche, marcada por el volar agitado de los siotes y el canto alargado y premonitorio del copetón, sirvieron de escenario para que entrara como bailarina envuelta en gasas blancas y translúcidas la neblina. Pasando, casi que imperceptiblemente entre los follajes de los alisos, los eucaliptos y los pinos, aforrándolos por instantes para dejarlos huérfanos de su encanto después, ascendiendo por las lomas escasas de pastizales, extendiéndose como pintura desleídas por los potreros donde el ganado como piedras se confundía con la oscuridad creciente.
La neblina… la que alguna vez fue voz y música, la que desde su presencia transparente y cantarina entró a los hogares de Pamplona, también llegaba en esa tarde.
El cierre de la visita guiada a la laguna fue mágico y parte de la sensación experimentada queda en estas palabras y en algunas imágenes que adjunto.
Jardín sobre el techo
En Puente López, en la vía entre Pamplona y Chitagá, a la vera derecha de la carretera si se va hacia el pueblo de los lácteos y los cultivos de durazno, hay una casa que bien podría formar parte de un cuento fantástico.
Dos plantas, pequeñas como toda ella, pero con una extraña evidencia que fue habitada en algún tiempo de su historia.
Dos puertas. Ambas clausuradas con candado. Paredes de tapia pisada. Y la huella persistente de la encalada de algún diciembre.
El abandono le trajo una suerte de olvido florecido en un bosquecito tupido de pequeña planta silvestre de flores encarnadas que allí en esa altura privilegiada del paisaje compiten con el musgo y los vestigios de tierra acumulada en los meses de sequía.
Habitar en ella sería vivir bajo un jardín cuyas raíces deambulan como fantasmas buscando el alimento en la pesadumbre de los seres que se arriesgaran a la experiencia de esa vida subterránea. Días en el subsuelo del viento, porque el que fue escaso en su tránsito en agosto cuenta con esas posibilidades de exploración.
A la memoria me llega un verso de algún poema de mi primera producción: “La casa de nadie está abandonada y en ella habito”
Dos plantas, pequeñas como toda ella, pero con una extraña evidencia que fue habitada en algún tiempo de su historia.
Dos puertas. Ambas clausuradas con candado. Paredes de tapia pisada. Y la huella persistente de la encalada de algún diciembre.
El abandono le trajo una suerte de olvido florecido en un bosquecito tupido de pequeña planta silvestre de flores encarnadas que allí en esa altura privilegiada del paisaje compiten con el musgo y los vestigios de tierra acumulada en los meses de sequía.
Habitar en ella sería vivir bajo un jardín cuyas raíces deambulan como fantasmas buscando el alimento en la pesadumbre de los seres que se arriesgaran a la experiencia de esa vida subterránea. Días en el subsuelo del viento, porque el que fue escaso en su tránsito en agosto cuenta con esas posibilidades de exploración.
A la memoria me llega un verso de algún poema de mi primera producción: “La casa de nadie está abandonada y en ella habito”
Nuestras flores
El comienzo fue una convocatoria del comité ambiental de la Normal Superior. Se trataba de adecuar el aula a la temática ambiental. La decoración debía incluir motivos referentes a la necesidad de preservar nuestros recursos, un calendario orientado a este propósito, un mensaje y era condición tener una planta en el salón.
Como casi todas las actividades y convocatorias las asumimos colectivamente o las procesamos como un concurso al interior de nuestro grupo.
Así, nos propusimos traer cada uno una planta ornamental. La más bonita y la mejor cuidada. El tiempo era poco pero había la necesidad de cumplir.
Cada niño y niña trajo su “matica” y entonces en nuestra aula eran nueva posibilidades de color y vida.
Dos veces a la semana, a veces tres, las regamos y permitimos que el sol caiga generoso sobre los follajes verdes y las flores de variados colores.
Un día en ese recorrido del salón al patio de recreo, la matica de Enrique perdió unos gajos y entonces los deposité en una materita improvisada que reclamaba de tiempo atrás una planta.
-Vamos a ver qué mano tiene el profe- dijeron algunos estudiantes.
-Si tiene buena mano, la matica le prende, si no, se le seca-
-Ojalá que le prenda-
-Ya veremos-
Y pasaron los días y en el salón contamos con diez maticas, las de los estudiantes y la del profe.
-Es la más pequeña, pero está bonita- Y cuando alguien me reemplaza en la tarea de sacarla al patio para el riego, entonces, el hecho se convierte en motivo de comentarios jocosos y graciosos.
-Ah, ya casi nos alcanza a las de nosotros-
-Y nosotros que creíamos que no le iba a prender-
Y entre comentario y risas dejamos las maticas en el patio y nos disponemos a trabajar en el proyecto respectivo que nos señala el Encontrémonos.
Y nuestro salón se ha convertido en un jardín medio del cual transcurren nuestros días acercándonos y construyendo conocimiento.
Como casi todas las actividades y convocatorias las asumimos colectivamente o las procesamos como un concurso al interior de nuestro grupo.
Así, nos propusimos traer cada uno una planta ornamental. La más bonita y la mejor cuidada. El tiempo era poco pero había la necesidad de cumplir.
Cada niño y niña trajo su “matica” y entonces en nuestra aula eran nueva posibilidades de color y vida.
Dos veces a la semana, a veces tres, las regamos y permitimos que el sol caiga generoso sobre los follajes verdes y las flores de variados colores.
Un día en ese recorrido del salón al patio de recreo, la matica de Enrique perdió unos gajos y entonces los deposité en una materita improvisada que reclamaba de tiempo atrás una planta.
-Vamos a ver qué mano tiene el profe- dijeron algunos estudiantes.
-Si tiene buena mano, la matica le prende, si no, se le seca-
-Ojalá que le prenda-
-Ya veremos-
Y pasaron los días y en el salón contamos con diez maticas, las de los estudiantes y la del profe.
-Es la más pequeña, pero está bonita- Y cuando alguien me reemplaza en la tarea de sacarla al patio para el riego, entonces, el hecho se convierte en motivo de comentarios jocosos y graciosos.
-Ah, ya casi nos alcanza a las de nosotros-
-Y nosotros que creíamos que no le iba a prender-
Y entre comentario y risas dejamos las maticas en el patio y nos disponemos a trabajar en el proyecto respectivo que nos señala el Encontrémonos.
Y nuestro salón se ha convertido en un jardín medio del cual transcurren nuestros días acercándonos y construyendo conocimiento.
Lecciones Aprendidas CPE
Durante los días 26 y 27 de agosto de 2008, se desarrolló en Cúcuta el Segundo Encuentro Departamental Norte de Santander “Lecciones Aprendidas Computadores Para Educar (Región Nororiente).
Dirigido a directores, coordinadores y docentes de instituciones educativas oficiales de las áreas rurales y cabeceras municipales, investigadores y estudiantes de Escuelas Normales y Facultades de Educación, así como profesores universitarios, que se han aventurado a trabajar, desde la reflexión, en torno a cómo las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC) han introducido una revolución en la enseñanza y el aprendizaje.
Los organizadores se propusieron abrir un espacio para el encuentro, con tres intenciones: conocer lo que ha ganado el proceso CPE, tanto en logros institucionales como en realizaciones comunes de la RED (lo cual alimenta permanentemente la reflexión de los actores implicados en procesos educativos de calidad); favorecer acuerdos que permitan no sólo el fomento, sino el fortalecimiento de los trabajos de cada una de las instituciones y personas preocupadas por la educación de los niños y jóvenes colombianos del sector rural; y, por último ganar en la consolidación de esta gran familia que es la RED de conocimiento CPE Región Nororiental UNAB.
Dirigido a directores, coordinadores y docentes de instituciones educativas oficiales de las áreas rurales y cabeceras municipales, investigadores y estudiantes de Escuelas Normales y Facultades de Educación, así como profesores universitarios, que se han aventurado a trabajar, desde la reflexión, en torno a cómo las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC) han introducido una revolución en la enseñanza y el aprendizaje.
Los organizadores se propusieron abrir un espacio para el encuentro, con tres intenciones: conocer lo que ha ganado el proceso CPE, tanto en logros institucionales como en realizaciones comunes de la RED (lo cual alimenta permanentemente la reflexión de los actores implicados en procesos educativos de calidad); favorecer acuerdos que permitan no sólo el fomento, sino el fortalecimiento de los trabajos de cada una de las instituciones y personas preocupadas por la educación de los niños y jóvenes colombianos del sector rural; y, por último ganar en la consolidación de esta gran familia que es la RED de conocimiento CPE Región Nororiental UNAB.
jueves, 2 de octubre de 2008
Los otros estudiantes.
Orlando estudió hasta quinto nivel. Sus padres dicen que por el problema de salud del niño no pudo seguir estudiante. Bueno, es la razón de ellos.
Él cuando estuvo en la escuela presentó algunos inconvenientes de salud que fueron diagnosticados como epilepsia. Desde un conocimiento mínimo se sabe que no es contagiosa ni está causada por ninguna enfermedad o retraso mental. Alguna vez debí llevarlo a urgencias del Hospital local. De allí fue remitido a Cúcuta.
Pero lo que entiendo es que una persona con esta afección neurológica puede cumplir con un plan de estudios como cualquier otra persona que esté sana.
Pero Orlando se fue. Con algunos cuadernos a medias y la promesa de seguir leyendo cuentos. Y que de vez en cuando pasaría para compartir sus trabajos.
NO volvió. El entorno familiar y social afectan y terminan determinando comportamientos y actitudes y llevando a asumir decisiones que muchas veces no está cerca a la voluntad de los protagonistas.
Pero Orlando va al pueblo o retorna de él y se acerca para saludar. Una risa grande y generosa lo hace ver como el niño que conocía y que se retiró a mediados del curso quinto. Ha crecido y se dedica a las labores del campo. No hemos vuelto a hablar de cuadernos ni de libros.
En esos encuentros hablamos de la lluvia, del sol, de los cultivos y de que algún día escribirá cuentos. Cuentos sobre la escuela que mira como una postal regalada hace tiempos.
-Bueno, me voy, porque tengo que trabajar. Otro día hablamos, no?
Y mi respuesta es recibir su mano para despedirme e impulsarlo para que este camino de la vida sea más suave y la cuesta que lo lleva su casa blanca sea menos inclemente.
Laguna de El Salado.
Luego de algunos minutos de espera partimos desde el parquecito de Los Tanques. Debíamos recoger a los dos técnicos de CORPONOR quienes adelantarían la guía.
Los nueve estudiantes de cuarto y quinto, en su mayoría puntuales, llegaron con sus acompañantes, otros prefirieron vivir la aventura sin acompañante familiar.
¡Uy, por fin!. Claro, esta salida la planeamos desde el año anterior, pero por diversos motivos se había aplazado en tres oportunidades.
Ya en carretera cada quien aprovechó para empezar a saborear esta salida. Algunos conversaban de sus temas predilectos, otros, improvisaban juegos de palabras y otros observaban el paisaje.
Por Chitagá pasamos sobre las ocho y cuarto de la mañana y considerando que no había necesidad de detenernos continuamos hacia Presidente.
Desde este corregimiento el bus tomó un carreteable que más parecía un camino de herradura por el que finalmente llegamos a una casa que sirve como punto de recepción de la reserva.
Unos pasos apenas y el fabuloso espectáculo que habíamos esperado durante meses: la laguna de El Salado. Impresionante. El espejo ondulado algo oscuro bajo el cielo gris y en medio de las montañas de figuras extrañas. Una llovizna pertinaz y el frío con olor a frailejón.
Con un técnico de CORPONOR y otro funcionario emprendimos el camino a una segunda laguna que está ubicada sobre la montaña desde donde se descuelgan cuatro cascadas.
Aparentemente un territorio algo poblado de arbustos y no demasiado empinado. Sin embargo, al encontrarnos en medio de ese espacio la realidad fue otra. Enmarañados parajes cuyo piso eran riachuelos y pantanos y una pendiente agreste que desanimaría a los más osados.
A medio camino se unió a nuestra aventura don Marco Díaz y Víctor Suescún. El primer explorador pronto abandonó el empeño y entonces fuimos los tres quienes nos propusimos llegar a la segunda laguna.
La verdad. Difícil y sólo alcanzamos a estar al pie de las cascadas. retornamos con algo de sabor de derrota pero el tiempo apremiaba y el grupo nos esperaba.
Inconvenientes: los suficientes como para darle a nuestra experiencia el tinte absoluto de aventura. entre los cuales registro cuatro varadas del bus HI que nos patrocinó el deseo de hacer un sueño realidad.
Pero todo se puede superar si hay verdadera voluntad y se tiene la fe necesaria para derribar montañas.
A Pamplona retornamos a las seis de la tarde. Cansado, pero felices.
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